A esa criatura…

A esa criatura no le gusta obedecer ni mandar, ni triunfar ni perder, sino vivir abandonada, produciendo más de sí misma, y sintiendo el bienestar de la autorregulación y de la armonía; no le gusta poseer sino derramarse, no le gusta hacerse importante, sino deshacerse entre los demás; sabe que es delicioso poder confiar incondicionalmente y dejarse llevar. Que el vivir pudiera ser ese dejarse flotar y amar. Es la criatura que recuerda la dulzura de la ‘interpenetración armoniosa’ del paraíso perdido y su anhelo más verdadero y hondo es poder recuperar ese estado.

La Rebelión, Casilda Rodrigañez

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